Texto: “Tarea es lo que hay” de E. Antelo.
Consignas para
el análisis:
- Piensa y reflexiona sobre la siguiente frase: “(…) quisiera no hablar de crisis sino del momento en que nuestros vocabularios se ven imposibilitados de describir lo que acontece. Momentos en los que lo que pasa no se deja atrapar por nuestros lenguajes. Momentos de ensordecedor mutismo o de silenciosa verborragia opinacional. Momentos de sinsentido circulante o momentos de excesiva interpretación.” ¿A qué esta haciendo referencia el autor?
- ¿Por qué establece que el núcleo duro de la educación reside en la metamorfosis?
- ¿Por qué afirma la necesidad de que la escuela implemente el verbo “diferir”?
- “Si la tarea consiste en aceptar las cosas tal como son, la escuela pasará, como tantas otras máquinas, al desván de las antigüedades”. ¿Qué cosas son necesarias “pensarlas” para ver otra perspectiva de cambio?, ¿desde dónde, en qué lugar y cómo actuamos como futuros docentes?.
Los espero a tod@s con sus aportes, compartamos decires y saberes, el debate está abierto...
1. La cita se refiere a que no estamos en “crisis”, es de decir, no es la palabra adecuada para definir la situación, sino que en realidad vivimos en un “término medio”. El autor afirma que utilizamos la palabra crisis como algo que “(…) describe el pasaje de un mundo viejo, que no acaba de morir, a un mundo nuevo que no acaba de llegar (…)”. Término medio que no sabemos nombrar, “(…) lo que pasa no se deja atrapar por nuestros lenguajes (…)”. Es decir, queremos decir todo, pero no decimos nada; nombramos íntegramente pero carecemos de definiciones; nos abundan las palabras pero los enunciados siguen ausentes; vivimos momentos de aseverancias absurdas o consideraciones absolutas; “Quizás, entonces, crisis no sea una palabra adecuada (…)”
ResponderBorrar2. El autor plantea una transformación, “El deseo irrenunciable de hacer otra cosa con lo que hay (…)”, debido a que ya no existe un límite entre el interior y el exterior de la escuela. Por eso, ésta, debe reinventarse y como afirma el autor “(…) interrogarse sin temor, cuál es el lugar de la salida escolar sin su afuera. “; a eso se refiere cuando habla de “metamorfosis”.
3. Afirma la necesidad de que la escuela implemente el verbo “diferir” porque el afuera debe ser diferente del adentro para que exista el deseo de unión, en palabras del autor “(…) enfrentar la dispersión (…)”.
4. No debemos apoyarnos en la nostalgia por el pasado que ya no está, sino, más bien, mostrarnos convencidos de que las cosas pueden cambiar. Ésta es la postura que debemos adoptar como futuros docentes, la de no resignarnos. Además, debemos repensar el por qué, el cómo, el para qué y sobre todo el a quién enseñamos; porque de ésta manera tendremos una visión más clara de la realidad, que no está ajena a nosotros, y podremos impulsar un cambio desde nuestro lugar, comenzando siempre por reflexionar sobre nuestras prácticas; como decía Epícteto: “Acusar a los demás de los infortunios propios es un signo de falta de educación. acusarse a uno mismo, demuestra que la educación ha comenzado.”(1)
(1)Epícteto fue un filósofo griego, de la escuela estoica, que vivió parte de su vida como esclavo en Roma. Hasta donde se sabe, no dejó obra escrita, pero de sus enseñanzas se conservan en un Manual, y en unos Discursos editados por su discípulo Flavio Arriano. Fuente http://es.wikipedia.org/wiki/Epicteto
Me encantó esa cita última de Epícteto. Totalmente de acuerdo. Primero hay que mirarse a uno mísmo.
BorrarMuy buena cita. Remite a introspección pura.
BorrarPalacios Clarisa, López Ivana
ResponderBorrar1)
El autor plantea el concepto “crisis” como un vocablo sin sentido, sin filo, sin vida propia, carente de significatividad, una palabra que está de moda en la sociedad para expresar situaciones de dificultad, de aprieto que nos desbordan.
Creemos que este concepto debería pensarse y abordarse como una oportunidad, una búsqueda, una puerta por abrir y atravesar para repensar un cambio, que nos brinde una posible salida temporaria, ya que la vida misma es un laberinto ineludible de lucha. Sería valioso posicionarnos desde el lugar y rol que ocupamos para de esta manera llevar adelante la constante batalla que se nos presenta cotidianamente. Aquí, Etanislao Antelo, esboza que no se debería utilizar la palabra “crisis” como una excusa para no hacernos cargo del lugar de batalladores que irrumpimos, sino que deberíamos aprovechar las herramientas que cada uno ostente, y ver el estado de “crisis” como algo natural de la sociedad humana que nos interpela y nos atraviesa.
Con respecto a la frase mencionada por Antelo: “(…) quisiera no hablar de crisis sino del momento en que nuestros vocabularios se ven imposibilitados de describir lo que acontece. Momentos en los que lo que pasa no se deja atrapar por nuestros lenguajes. Momentos de ensordecedor mutismo o de silenciosa verborragia opinacional. Momentos de sinsentido circulante o momentos de excesiva interpretación.” Deducimos que el autor define al estado de crisis, como momentos sin explicación verbal que denotan espacios y tiempos de silencio.
2 y 3)
Establece que el núcleo duro de la educación reside en la metamorfosis porque: en un principio el mandato del sistema educativo era el de homogeneizar, en el cual la escuela se encontraba de cierta manera respaldada por las demás instituciones, el afuera se podía definir. En cambio hoy la escuela se quedó sin ese afuera definido, sin poder cumplir con la promesa fundante de sus inicios, sin embargo niños por educar existen y seguirán existiendo, por lo tanto es nuestro deber como educadores conocer el afuera, no darle la espalda a lo que acontece, a lo que nos excede, para poder transformar el interior de las escuelas. Por lo tanto es necesario que la institución, no pierda de vista la potencia educativa del verbo diferir, es decir, que otorgue a los sujetos otras visiones del mundo, desde un interior que ofrezca, muestre y enseñe que existen otras maneras posibles de ser, estar, vivir, guiándolos a través del diálogo y la confianza hacia otros caminos que amparen.
4)
Opinamos que para evitar que la escuela no pase “al desván de las antigüedades”, primero es necesario partir del análisis de la comunidad educativa, detectando las problemáticas sociales que atraviesan las paredes de la institución a través de los actores que la habitan, de esta manera sería viable pensar distintas estrategias para abordar salidas potenciales. Debemos posicionándonos desde el lugar de sujetos pensantes, asumiendo significativamente roles y las funciones que corresponden , ya sea a través del diálogo, fomentando el compañerismo, con compromiso verdadero, como sujetos de lucha, con pensamientos y sentimientos positivos, es decir, como valientes que están dispuesto a seguir adelante a pesar de los momentos inexplicables que nos atraviesan, porque como dice Antelo: “Tarea es lo que hay”, está en cada uno ofrecer otras miradas y salidas que sean útiles para la educación
Creo que, con las palabras citadas, lo que el autor quiere decir es que utilizamos la palabra crisis pero en realidad no nos sirve para lo que queremos decir. Estamos en un tiempo de transición entre el antes y ahora, y no es una crisis sino simplemente un cambio. Es un cambio que hoy nos toca vivir, no sabemos por qué sucede ni qué hacer con él. Vivimos reunidos pero no estamos unidos, vivimos en un mundo de redes pero no queremos estar enredados. Son muchas las interpretaciones que de la realidad se puede hacer. La familia, la escuela, los adultos, la infancia, la sociedad y la educación están “en crisis” pero no deberíamos agarrarnos de eso para cubrirnos y no hacer nada.
ResponderBorrarEl autor hace referencia a que el núcleo duro de la educación está en la metamorfosis, es decir en un proceso que hará del niño un sujeto distinto al que llegó algún día a la escuela. Para ello la educación debe saber lo que hay afuera, lo que el sujeto encontrará cuando salga de adentro de la escuela, debe saber cuál es la realidad que hoy le toca vivir. Y esto está asociado a lo que el autor dice cuando hace referencia al verbo inferir. La escuela podrá ubicarse con vigor en la batalla, sólo si no pierde de vista la potencia educativa de ese verbo. La escuela debe conocer el afuera y ser distinta de él, debe haber una diferencia entre el adentro y el afuera de la escuela, debe haber límites marcados.
Es necesario, como dicen mis compañeras, aprovechar de esta crisis o como quiera que se llame esta situación por la que está pasando la educación e intentar un cambio. Dejar atrás lo que atrás ha quedado y comenzar a mirar a futuro, ir para a delante convencidos de que se puede lograr un cambio positivo. Debemos estar convencidos antes que nadie nosotros, de lo contrario no podremos. Habría que repensar el lugar que como futuros docentes estamos por ocupar, ver qué es lo que los chicos quieren, qué les llama tu atención, que necesitan para salir afuera de la escuela, qué conocimientos, comportamientos y competencias necesitan tener para poder desarrollarse como ciudadanos. Empezar llamando su atención para poder implementar estrategias y poder construir clases que brinden conocimientos, conocimientos que afiancen y modifiquen lo que ellos traen, para poder construir experiencias que les permitan crecer.
1-De acuerdo a la frase a la que hace referencia el autor, yo creo que él se dirige a algo más que una crisis. Hace referencia a ese sentimiento de reflexión interior que hace que resuene en nuestra cabeza, tales como: “jamás pensé que me iba a pasar esto”, “que hago yo acá” “¿esto como lo supero?”. Es ese estado al que no podríamos llamar crisis por el solo hecho de ponerle un nombre a cualquier cosa o problema. Es el momento en que un chico dice una mala palabra y no sabes cómo reaccionar, en el que una madre se enoja por una mala nota y no encuentras el modo de hacerla entrar en razón, es el momento en que la Escuela te obliga a que cumplas con lo estipulado y uno lucha que a la vez aprendan todos los niños de la clases el tema. Es también ese momento en que entras al aula, miras los chicos y siempre hay una mirada triste que trata de esconderse detrás de su cuaderno. Tomando con sus manitos lo más fuerte que puede para que la seño no se dé cuenta de esa lagrimita que en sus pequeños ojos asoma. Y cuando por fin se da cuenta uno, se acerca a ese cuerpito que tiembla de miedo, vergüenza, desesperación por salir corriendo y quien sabe cuántas cosas más. Y al fin y al cabo le pregunta “¿Qué pasa? ¿Tenés frio?” y responde “no”, “¿te duele algo?”: nada. “¿Tenés hambre?” y parece que esa era la pregunta del millón ¡bingo! Porque esa pregunta hiso que levantara la cabeza y un mínimo movimiento me reveló que si tenía hambre. Que se ha levantado temprano, no ha comido nada y quizás hasta anoche o ayer de tarde no ha consumido algo que le provea energías. Esa energía tan necesaria para verlos a los niños correr por los patios, hacer las actividades, en fin…que nos contagia a nosotros para acompañarlos dentro y fuera del aula.¿Y hablamos de crisis? La palabra crisis no existe en vocabulario de un pequeño que solo piensa en llenar su pancita. Entonces creo que ahí está el sentido de la frase del autor “…nuestrosvocabularios se ven imposibilitados de describir lo que acontece…” imposibilitados porque para algunos, describir a niños pasando necesidad cuando otros se quejan de llenos, es difícil. Vaya que si es difícil porque tratas de hacer entrar en razón a las personas y decís “no te quejes hay chicos que no tienen para comer ni para taparse en días de muchos frío, agradecé que no pasas esas necesidades” y a los que te responden “mal por ellos”. Y de repente pensamos, pobre, este es más pobre que los que tienen necesidad de cosas materiales. Pobre de alma y de corazón, lo peor de todo es que terminamos todos en el mismo sitio. Y no por desear el mal, pero cuanta falta les haría a algunos pasar hambre.Espero desde esta opinión dar a entender desde mi posición que es lo que el autor dice. Este es solo un problema, pero existen miles que no son crisis y la superan.
ResponderBorrar2)Y 3) Establece que el núcleo de la educación reside en la metamorfosis porque el mismo significa cambio. Hace alusión a que si toma cambios externos, si se da cuenta de lo que el chico trae consigo solo ahí, partiendo de allí puede lograr un cambio en él.
ResponderBorrarLo que el niño trae junto con lo que la Institución le ofrece, haciendo un ida y vuelta de conocimientos, creo que por eso el autor habla de diferir.4) Me parece que para que eso no pase, para que la Escuela no pase al “desván de las antigüedades” hay que, antes que nada, concientizar. Concientizar acerca de la importancia de la educación, de la transmisión de conocimientos y valores. Que todo eso y muchísimo más se lleva a cabo en la Escuela, donde se aprende a socializar con otros que no son nuestra familia, donde se valora otras cosas, nos relacionamos con otra gente, se reconoce una nueva autoridad, distintas normas que las de afuera. Solo es posible concurriendo a una Escuela, y nosotros, desde nuestro humilde lugar. Digo humilde porque es muy poco el lugar de expresión que se le da al docente en la sociedad, ya que se encuentra muy desprestigiado su papel. Desde ese pequeño lugar no podemos dar brazo a torcer, si la docencia esta como está, alguien hizo que así fuera, ¿y quien mejor que nosotros para demostrar lo contrario?.
Particularmente, no coincido en el valor adjudicado al concepto de “crisis”, por parte del autor. No me resulta desgastado, en lo más mínimo. Tampoco concuerdo con su expresión “…si todo es crisis, nada es crisis.”. Quizá pareciese que avanzo contra la corriente, pero así lo vislumbro. Por el contrario, me resulta un término sumamente relevante para debatir y analizar aquellos enunciados que lo evocan, porque crisis nos remite a una situación de displacer considerable, al menos.
ResponderBorrarLo que sí sucede, y en eso sí convergemos totalmente, lo constituye el hecho mismo de la imposibilidad de nuestros vocabularios, para explicitar lo que acontece. Eso está claro. Se presenta como un mal endémico, que azota con virulencia al mundo de la educación. El abismo en la dualidad teoría-praxis, se hace cada vez más profundo, y esto resulta paradojal; inclusive, en cierto punto, jocoso, puesto que, habiendo hoy teoría en demasía, no estamos logrando obtener los resultados que necesitamos.
La dificultad estriba en que muchas de las prácticas escolares, se han teñido de crisis; consecuentemente, se ha producido una naturalización de aquellas. Debido a ello, es que este vocablo (crisis), puesto en cuestión y extrapolable a todas las facetas sociales de la vida del hombre, se encuentra devaluado. Sin embargo, debiera ser un punto de referencia a la hora de nuestras prácticas, justamente, para comenzar a dar una vuelta de tuerca al asunto que aquí nos reúne, para logar esa mentada “metamorfosis” que cita el autor.
Resulta ampliamente difícil poder precisar el “adentro” del “afuera”, en lo que refiere a los dispositivos escolares, debido a que las problemáticas sociales, han logrado penetrar, no sólo desde el ámbito edilicio, sino también en el discurso propiamente dicho de la escuela; han despedazado aquella promesa moderna de que la institución escuela “todo lo podía”. Heterogeneidad, es uno de los puntos nodales dentro de nuestras aulas.
Si bien, lo que plantea este autor ha sido ya planteado por muchos otros, y analizado desde diversos espacios académicos, resulta pertinente volver a mencionar la reinvención inexorable que la escuela debe llevar a cabo para hacer frente a la “crisis” en que se encuentra inmersa. Aunque quizá nos resulte redundante.
No obstante, aunque los límites entre el “adentro” y el “afuera” se hayan desdibujado, y denoten cierta superposición, es necesario que la escuela realice esfuerzos por mantener cierta distancia entre ellos, cierta diferencia. La escuela, al interior de sí misma, debe garantizar al sujeto alumno, otras realidades, otros posibles relatos, muy distintos a los de ese “afuera”. Relatos liberadores, que sitúen al educando en una posición de oportunidad, de cambio, de creer que crisis es un término fuerte y que abarca mucho, quizá más de lo que entendamos, pero que al mismo tiempo posee potenciales soluciones.
Viviendo de añoranzas, anhelos, es muy difícil aportar perspectivas diferentes, en pos de mejoras. Como he explicitado en otras instancias, homogeneidad es uno de esos conceptos de ensueño, que por cierto muchos desean, y que se presenta como solución cuasi perfecta. Empero, la realidad nos muestra una cara muy distinta, a la que suele dársele la espalda.
Los tiempos venideros, y las nuevas formaciones, irán demostrando si la educación apostará por senderos de éxitos, o si la disolución de la palabra “crisis”, devendrá una suerte de entelequia.
Excelentes sus aportes. Cada uno de ellos refleja las distintas lecturas –y miradas- con las cuales se han ido encontrando. ¡Muy interesante!
ResponderBorrarEspero los aportes de los demás compañeros para concluir con el mío.
Nos seguimos leyendo…
En cuanto a la frase propuesta, ésta hace referencia a que decir “estamos en crisis”, no es la palabra adecuada para referirse a la situación que se esta atravesando, porque si hablamos de crisis, la escuela misma cuando se inventó estuvo ligada a la idea de crisis… Es un período de transición, en el que nos vemos imposibilitados a describir lo que pasa como afirma el autor, y para describir ésta situación utilizamos la famosa palabra “crisis”, como sí esta fuera la mejor forma de expresar lo que pasa. Oímos a diario en todos los medios de comunicación y en boca de todos decir, la escuela está en crisis, la familia ya no es lo que era, ¿y la infancia, qué pasó con ésta?...y también está en crisis.
ResponderBorrarAntelo, habla de qué el núcleo duro de la educación reside en la metamorfosis, haciendo alusión al proceso de transformación, de cambio que debe ser repensado en la escuela misma para poder identificar su propio exterior, eso que el autor afirma como interrogarse sin temor. La educación, tiene que saber lo que los sujetos encontrarán al salir afuera de la escuela. Además, cuando habla de la necesidad de implementar el verbo “inferir”, alude a no perder de vista la potencia educativa, que la escuela misma es la que tiene que mostrar o garantizar desde el adentro, otras miradas y realidades distintas a la de afuera.
Por último, respecto a la frase sí aceptamos las cosas tal como son, la escuela como tantas otras máquinas pasará, al desván de las antigüedades, remite a la idea de que para que esto no ocurra es necesario, dejar atrás esa idea de crisis de la que tanto hablamos y repensemos el lugar de la escuela, desde un lugar de transformación. Y que adoptemos como docentes, la firme tarea de posibilitar y garantizar no caer en ese desván de antigüedades, sino posicionar la mirada hacia el futuro con una visión de la realidad apostando al cambio.
El autor hace referencia a la tan nombrada palabra “crisis” en nuestra vida, palabra que se ha puesto de moda. ¿No encontramos solución a algo? ¿No sabemos cómo definir a ese algo? ¿No sabemos qué es ese algo? Ah, entonces nos encontramos en crisis. Dicha palabra hoy en día se está usando para puntualizar cualquier cuestión que no sepamos definir, o en palabras del autor. “(…) que no se deja atrapar por nuestras lenguas (…)” nos aferramos de dicha palabra tan abierta, vacía y sin sentido para dar respuestas, una especie de justificación para lo que acontece en nuestras vidas. “Todo esta en crisis, pero no hacemos nada para cambiarlo” creo que es esto, lo que nos quiere mostrar Antelo en el texto “tarea es lo que hay”
ResponderBorrarEl núcleo duro de la educación reside en la metamorfosis. El autor hace referencia al proceso de mutación, de cambio que la educación debe rever para lograr así reconocer su adentro y su afuera, y poder diferenciarlos. La escuela debe ofrecer algo distinto de ese adentro, debe preparar para aquello que está allá, que está afuera y que es la realidad que nos toca vivir. Las personas involucradas en procesos de cambio social, muchas veces no son conscientes de ello. Esto ha sucedido en nuestra educación, no hemos percibido el cambio o le hemos sido indiferentes. No es bueno quedarnos en el tiempo y darle la espalda a la realidad, a la vida.
La escuela pasará al desván de las antigüedades, si no hace frente a la realidad, si se queda durmiendo en el sofá del pasado. El panorama no es alentador, la lógica con la que se puede pensar “lo que hay” , implica aprender a pensar en el mediano y corto plazo, cuando estamos casi aferrados a lo persistentes, a lo conocido. Creo que como futuros docentes debemos probar cosas nuevas, pensar distinto, proponernos metas, a pesar que todo se encuentre mal, se encuentre en crisis, si nadie toma la iniciativa, si nadie intenta solucionar o superar ¿Cómo pretendemos salir adelante? ¿Cómo pretendemos cambiar? y que mejor que nosotros, futuros docentes, personas que enseñamos a otros a pensar, a aprender, a enseñar para cambiar esta realidad tan dura, tan cerrada; para que cambiemos esta forma de pensar… la crisis esta acá, en medio de todos nosotros y no se irá por si sola, las pregunta ahora es ¿Cómo vencerla?
Para finalizar quisiera compartir esta frase de Henry Giroux
“no hay caminos más seguros. Sólo hay posibilidades efímeras para que pensemos a través del pasado, para que examinemos las historias sedimentadas que constituyen lo que somos y nos podamos insertar en el presente. Para luchar por una sociedad mejor.”
En función de sus comentarios, los cuales están muy interesantes, quisiera agregar un aspecto más para reflexionar, el cual sería desanudar esa sensación de decadencia y de pérdida tan fuerte que rodea a la acción de la escuela, sensación que nos afecta y atrapa a todos los sujetos educativos por igual, para poder así evaluar cuáles son los elementos que hacen “crisis” en este contexto. Me parece significativo detenernos en miradas más matizadas, enunciados menos “masivos”, panoramas menos cerrados sobre la situación de las escuelas, para evitar el agobio, y sobre todo para ampliar el entendimiento y las formas de acción posibles…
ResponderBorrarComo punto de partida, me parece ineludible reflexionar acerca del malestar en el campo de las prácticas que se ocupan de la tarea de educar. Considero que esto puede servirnos para reflexionar sobre situaciones que nos afectan a todos los sujetos educativos por igual, para poder, a partir de ahí, establecer distancias con lo que nos incomoda, conmueve o enoja, plantear matices, y poder ver alguna perspectiva de cambio…
“La vida sin problemas sería matar el tiempo a lo bobo” dice una conocida canción de los Redonditos de Ricota. Una crisis trae problemas, pero justamente como expresó mi compañero Alan, el mundo está acostumbrado a tenerle miedo a los problemas. No lo ven como un punto crucial para reflexionar, reinventar, deliberar y repensar los métodos, las estrategias y los recursos que se encuentran y nos hacen parte de esta tan encarnizada “batalla” que tiene el sistema educativo contra la dinámica del mundo.
ResponderBorrarEl sistema es viejo, obsoleto, y responde en cierto aspecto a un conjunto de tradiciones que nosotros buscamos modificar teniendo en cuenta los cambios que nosotros atravesamos día a día. Pero a la hora de la incertidumbre, la inseguridad, el titubeo y la perplejidad que provoca esta “crisis” en nosotros, que cuando se hace presente, anhelamos al perfil del alumno moderno, a la vieja promesa de que todo lo podemos, a los antiquísimos dispositivos pedagógicos, etc. Dejando de lado la ilusión y la utopía, no podemos pensar una escuela descontextualizada, hoy debemos preguntarnos para qué realmente está la escuela, cuál es su lugar actual en la batalla que nos toca en el día a día. Los cambios sociales, políticos, económicos que atraviesa el mundo también lo atraviesa la escuela, y tal cual como esos cambios hacen el “afuera”, es inevitable que se propaguen por el sistema escolar y desborde sus muros. Es imposible pensar en una escuela descontextualizada que no atienda el entorno. Me resulta extraño y muy macabro pensar en una escuela que no garantice, que no proteja, que no contenga al retoño humano de los flagelos de esta “crisis”. Como el rol de Roberto Begnini en “La vida es bella”, un padre que transforma un campo de exterminio en un juego para su hijo. ¿Por qué? Simple, por el hecho de protegerlo, cuidarlo y vigilarlo de tanta destrucción, tanta muerte y tanta tristeza que rodeaba a ambos. Sin embargo la escuela no debe desatender el verdadero objetivo, que es enseñar, brindar herramientas y forjar oportunidades para que las futuras generaciones no se encuentren desamparadas. Nosotros como educadores debemos crear o buscar nuevas respuestas y referencias ante un mundo nuevo, con infancias nuevas que merecen oportunidades para poder enfrentarse a la realidad. Generando espacios que fomenten la reflexión y el debate.
Esa vieja promesa rota y deshecha puede ser el motor de cambio para bien, o para mal. Dependiente de las decisiones de aquellos valientes guerreros que desean ponerse el mundo en sus hombros y darle para adelante, así como también están aquellos que se esconden en las trincheras de lo inamovible, de lo inmutable. Es este tipo de metamorfosis que alimenta y nos condiciona a la naturalidad de lo social y me doy cuenta de que debemos ser conscientes de la capacidad del espíritu humano. Podemos hacer cosas increíbles, inimaginables que nos eleven. Así como también podemos destruirlas, romperlas sin sentirnos con culpa.
Así como lo es la vida, la crisis que encadena a este mundo, es también un extraño, hermoso, perfecto, y perverso círculo vicioso que nos condena tanto a la felicidad como al dolor. Nosotros en calidad de futuros docentes, estamos siendo parte de este círculo vicioso. Y depende de nosotros, si somos capaces de condenar al fracaso a nuestros alumnos, o si somos capaces de darnos cuenta si estamos preparados para esta batalla, que para nosotros, recién comienza sabiendo aún que la esperanza, es un cruel demonio de múltiples facetas con el cual combatimos todos los días.